domingo, 18 de mayo de 2008

EL GUARDIÁN DE LA IGLESIA -Por favor respeten la cruz-

Ayer día 16 del mes festivo cordobés, a eso de las diez de la noche, estaba yo en el portalón de la Iglesia de San Lorenzo. Desde allí veía la gente bajar a borbotones para ver el hermoso patio de Carmela de la calle el Trueque, ganador este año del concurso de patios cordobeses. Como otros viernes, por un momento esperaba ver bajar para llegarse a la sede Capilla de su hermandad del Remedio de Animas a D. Rafael Cantueso acompañado por su hermana Conchita. Pero no sería así: el bueno del padre Cantueso ya no tenía necesidad de ver la sede de su hermandad, ni el patio de Carmela.

Porque ayer, el bueno del dominico Rafael Cantueso iba camino del Cielo que tanto había anhelado en su vida. Y acude revestido de su hábito de dominico y su escapulario de la Virgen del Carmen, atributo glorioso de la Hermandad que allá a principios de los años cincuenta cofundara con un grupo de artistas de la belleza y poetas del corazón, que escogieron a la Hermandad del Cristo del Remedio de Ánimas para reconfortar sus sentimientos.

Cierto día, hablando en el referido patio de Carmela, le pregunté: "Don Rafael, ¿usted a qué hermandad se siente más ligado?". Y él contestó, "de la Virgen de las Angustias soy desde que nací, y de la Hermandad de Ánimas desde que nació. Mi corazón no está dividido, sino que está compartido. Pasa igual que con San Andrés y San Lorenzo. A San Andrés lo llevo en el alma, y a San Lorenzo lo siento en el corazón".

En los muchos ratos en que hablé con él, me contó tantas cosas que me atrevo a hacer, de forma breve, una semblanza de su "recorrido" como dominico. Así, indicaré que nació en Córdoba el 17 de Junio de 1922, en la calle Imágenes y en el seno de una familia cristiana. Por su proximidad con San Agustín, fue asiduo desde muy joven a dicho convento. Estudió en el Colegio Salesiano hasta el bachiller, pues tuvo que abandonarlo porque la llegada la República no le permitió hacer el bachiller en su Colegio.

Ya por el año 1954, y estando yo de monaguillo en San Lorenzo, lo veía con frecuencia por esta Iglesia en asuntos de su Hermandad, principalmente con Pablo García Baena, Miguel del Moral, Rafael Medina y Andrés Bojollo Arjona. Años más tarde, poco después de las Misiones que en el 1954 dieron los dominicos en Córdoba, profesó en la Orden en el 13 de Septiembre de 1955.

Su primera misa la cantó en el convento de San Agustín, el día de San Pedro y San Pablo de 1960. A dicha ceremonia asistió una ingente cantidad de personas, entre las que cabría destacar a compañeros dominicos que estaban en aquella época en la Universidad Laboral: el Padre Madrid, el Padre Domingo, el Padre Carlos Romero... El Padre Cantueso fue una vocación tardía, y por aquellas épocas se oyó decir "él, haciéndose fraile dominico, ha escenificado toda la espiritualidad del grupo Cántico".

Ingresó en la Universidad Laboral en 1962, y compatibilizó la labor educadora y docente con la atención pastoral a las monjas de clausura dominicas. Uno de los cometidos que más le agradaron fue, sin duda, el ser el guardián de la bella Iglesia de la Universidad (por el contrario, sufrió mucho cuando vio como la convertían en un aséptico y burocrático salón de actos). Más tarde pasó al convento de Santo Domingo, enclavado en la privilegiada sierra de Córdoba, haciendo allí una labor muy importante como superior. Finalmente en el año 1986, ya con 64 años, pasó al convento de San Agustín, en donde ha permanecido hasta su muerte.


… Hombre pacífico…

En la Semana Santa de 1996, esperando fervorosamente el paso de la Virgen de las Angustias que volvía a su plaza de San Agustín después de muchos años desde su traslado a San Pablo, se me sinceró: "Todavía -siguió diciéndome- se me pone el vello de punta recordando cómo en la Semana Santa de 1936, y con la tensión que se respiraba en las calles, mi Virgen fue la única que salió el día del Viernes Santo, y yo con catorce años iba en la procesión. Aquellos tiempos de guerra son para olvidarlos por todo el mundo. La Humanidad debe de aprender que no se debe llegar a situaciones tan enfrentadas para que la guerra no vuelva a aparecer nunca en el horizonte. En las guerras siempre, siempre, salen perdiendo los más débiles e inocentes".

"Nunca se me olvidará el horror que pasamos el día 24 de Agosto del 1936, día de San Bernardo. La ciudad de Córdoba fue bombardeada por tres veces durante la caída de la tarde. Yo no puedo decir las bombas que pudieron caer, solamente pudimos ver y oír al día siguiente que en la zona de la calle Roelas y el Pozanco cayeron tres bombas. La primera cayó a eso de las seis y media de la tarde, en la calle Custodio. Le pilló de lleno a un pobre "aguador", que montado en su borriquillo se dirigía a la fuente de San Rafael a coger agua. La bomba mató al hombre y a su borriquillo. El hombre, al parecer, se llamaba "Serranito", y era un torerillo fracasado que se dedicaba a vender por las casas agua del "Cabildo", porque era la de mejor calidad para enternecer los garbanzos del cocido, cena habitual por aquellos tiempos en todas las casas de estos barrios".

"La segunda bomba cayó en la esquina de la calle Cristo, veinte minutos después, y al parecer no produjo nada más que daños materiales. Y a las dos horas de la primera bomba cayó la tercera, a mitad de la calle Roelas, exactamente detrás de la sacristía de San Rafael. Esta bomba mató a un matrimonio y a su chiquita que llevaban de la mano. Todavía hoy se pueden ver las lozas que taparon la hondonada que hizo la bomba".

(Esta intensidad del bombardeo localizada en esta zona de Córdoba vino justificada porque los aviones que lanzaban las bombas buscaban como objetivo al general Varela, que según parece se hospedaba en el palacio de los Courtoy, en el Realejo).


…Un dominico en la Universidad…

Un día del mes de Septiembre del año pasado, me lo encontré una mañana en su "banco" de la Plaza de San Andrés, y viéndole sólo me senté a su lado y le pregunté llevado por la curiosidad: "Don Rafael, ¿por qué todos los dominicos, después de estar dando vueltas por el mundo, al final todos van a morir a su pequeño lugar de origen". Él me contestó: si me lo dices por el Padre Felipe Larrañeta, he de decirte que a todos nos pasa igual. El ha ido a morirse a su Villaba natal y yo por ejemplo me quiero morir al lado de mi hermana, aquí en Córdoba.

Como yo alabara a su hermana en el comportamiento que tenía tan maravilloso con él, el me replicó: "todos los religiosos, afortunadamente, tenemos siempre una madre o una hermana, que son al final quienes "cargan" con nosotros. Y el caso de mi hermana fue por "chiripa", ya que siendo más joven se quiso enamorar de un poeta, y ese fue su pequeño desengaño, pues lo poetas solamente se enamoran de su obra".

Seguimos hablando, y le pregunté sí tenía noticia de algunos frailes de aquellos primeros años en la Universidad. A regañadientes me contestó:

-"El padre Espinel era un hombre de buen nivel y gran sentido espiritual. Era pausado y muy callado, pero gran observador. Ha muerto recientemente.

-El padre Madrid era un dominico muy vivaz, dominaba el inglés de maravilla, y le obsesionaba la correcta pronunciación. Venía mucho por San Agustín. Creo que ha fallecido.

-Al padre Leonardo Pérez, le atormentaba la soledad. Anduvo un tiempo con ciertas dudas, y al final se secularizó. Fue un pionero en Córdoba de la Facultad de Ciencias del Trabajo, desde la Academia el Buen Amigo, primero en San Agustín, y luego en la calle del Coliseo San Andrés. También ha fallecido.

-Al padre Fraile yo no llegué a tratarlo, pero por lo que me han dicho, era un intelectual muy hiperactivo, uno de los lideres de la Orden. Todo lo cuadraba matemáticamente.

-El padre Roces era un dominico de mucha profundidad espiritual, pero el cargo de director de Colegio le hacía meterse en una coraza que no era propia de él.

-El padre Zabalza era el prototipo de auténtico dominico jovial, deportista y muy preparado. Tenía una gran agilidad mental. Ahora anda por Valladolid.

-El Padre Carlos, "Pelo pincho" como cariñosamente le llamábais, era una excelente persona y compañero. Solamente su aspecto delataba en él una "dureza" que no era tal. Creo que ha fallecido en Álava.

-El padre Riera tenía una memoria que anticipaba los ordenadores de hoy día. Su nivel también era altísimo. Caía muy bien a Fray Albino, y tenía buena relación con su sobrino don Pelayo. Junto con él y otros del barrio, fundaron la hermandad del Cristo del Amor, del cerro del Campo de la Verdad.

-El padre Conchado era un dominico muy recto, muy dogmático, gran dialogador. Estaba muy preparado en Teología.

-El padre Azagra era un auténtico fuera de serie. Tenía mucho carisma y poder de convocatoria. Era un líder natural.

"A tu pregunta de cuál fue el compañero dominico que más impresión intelectual me causó he de decirte que lo que me pides es muy difícil. Primero porque yo no me considero ningún intelectual, y segundo porque no quiero desmerecer a ninguno de ellos, porque para mi todos eran auténticos "figuras", con muchos méritos. Pero puesto a mencionarte a alguno, te diré que el que más resonancia ha tenido, por su trayectoria en Roma, es sin duda el padre Gangóiti".

"Ya que estas en plan de preguntón, te diré que casualmente en casa de mi hermana en la Plaza de San Andrés ha vivido el empresario que hizo todos los muebles metálicos para la Universidad. También, y como casualidad, junto a mi casa antigua de la calle Imágenes el profesor de Dibujo, Sr. Arroyo, tenía un club recreativo de ajedrez, justo al lado del Bar el Bolillo."


… El entierro…

Hoy día 17, a las 10 de la mañana, como todos los días iba por el Realejo para arriba y sentí doblar las campanas de San Andrés. Eran los prolegómenos del entierro del Padre Cantueso. En ese momento vino a mi mente la pasada Semana Santa, cuando al paso de su amado Cristo de Ánimas, y en medio de un incomparable aroma de cánticos de gregoriano, doblaban las campanas esta Iglesia. Ese ambiente de terciopelo espiritual era la estela de luto y dolor que los fundadores querían que acompañase a su amado Cristo.

Al pasar por el banco del jardín recordé la de veces que, pacientemente, esperaba el saludo, la charla o el abrazo de todo el que pasaba. Eran muchas las personas que querían y apreciaban al bueno del Padre Cantueso, y una prueba clara de todo ello ha sido la multitud de personas que han abarrotado la Iglesia de San Andrés para asistir a sus exequias.

La misa funeral ha estado presidida por el superior de los dominicos de Córdoba, acompañado por los párrocos de San Lorenzo y San Andrés, además de veintidós religiosos más entre los que había compañeros dominicos de toda Andalucía, así como Salesianos, Claretianos y curas diocesanos. Entre la amalgama del público asistente se han podido observar políticos de todos los partidos, miembros de comunidades religiosas, de cursillos de cristiandad, de Cofradías, antiguos empleados de la Universidad Laboral, profesores, escultores, pintores, antiguos alumnos, y gente llana del barrio.

Los atributos de sacerdote, su estola, su casulla, su roquete y cíngulo han cubierto el ataúd, que ha sido sacado a hombros por varios sobrinos y conocidos, todos ellos jóvenes.

Entre los dominicos que estuvieron en la Universidad han asistido el Padre Cuenca, el Padre Guerrero y el Padre Miguel Ángel Vílchez.

Al final de la Iglesia estaban los escultores Andrés Valverde, Miguel Arjona y varios pintores. El gran poeta Pablo García Baena también se puso atrás, y al paso del cadáver de su amigo no pudo contener las lágrimas.

Al final del entierro el párroco de San Andrés, muy amigo de él, agradeció públicamente la asistencia a todos los asistentes y dijo que tanto San Andrés como San Lorenzo, por muchas razones, tienen que llorar la ausencia de este pastor de la Iglesia, pero que como creyentes que somos nos queda el consuelo de que estará en el Cielo con sus queridos padres. Allí la belleza del mes de mayo es eterna…


Una vez terminado el entierro y de camino a mi casa he bajado inevitablemente desde San Andrés a San Lorenzo, y me he parado en la taberna Casa Luis, lugar que solía visitar Rafael Cantueso semanalmente en compañía de su amigo entrañable Pablo García Baena donde ambos se tomaban su copa de vino con su tapita de callos. Comentándole al tabernero el entierro me responde: "Últimamente y cuando ya apenas salía, venía su hermana varias veces a la semana para llevarle unos poquitos callos que se le apetecían".

Manolo Estévez


Virgen de las Angustias


Remedio de Ánimas

Padre Santiago Guerrero y empleado (carpintero)


Padre José Cuenca


Padre Miguel Ángel Vílchez


Sr. Moyano y empleado Sr. Fonseca (Oficina Técnica)


Plaza del Jardín donde se sentaba (banco)


Fachada de su casa

sábado, 17 de mayo de 2008

Un fraile Dominico de bien

Cuando me apunté a AULACO escribí unas palabras de agradecimiento por mi paso por la Universidad Laboral de Córdoba, quedan recogidas en mi ficha. En aquel momento recordé a mis profesores, en especial a dos que me marcaron de forma extraordinaria por su buen hacer pedagógico.

El Padre Fray Rafael Cantueso me dio religión pero con él no fue nunca “una de las marías”, él supo darle un sentido profundo a sus explicaciones y nos trasladaba un interés enorme por profundizar en las fuentes de todo el conocimiento cristiano: La Biblia.

Se notaba que preparaba sus clases y las dotaba de un interés inmenso y profundamente religioso, con él profundizamos en el Antiguo Testamento, en los Evangelios,…y todo lo relacionaba con la vida diaria, con el saber estar, con la ayuda al otro, con el compartir,…Recuerdo miles de hechos de aquellas espléndidas explicaciones, relataré tres que denotan su gran humanidad. Nos contaba como su madre estaba ya mayor y era una santa y nos decía que tenía un hábito dominico ya un poco “gastaillo” que lo tenia guardado para cuando muriera su madre, pues nos decía que en la Resurrección todos los que muriesen con el hábito dominico, nuestro Señor los premiaría con la vida eterna.

Él iba siempre con su hábito y recuerdo como un 28 de enero, Santo Tomás de Aquino, me dejó su capa negra dominica y estuve con mis amigos chuleando por toda la Laboral, envuelto en la capa y a él le daba alegría que lo quisiéramos tanto… Él coleccionaba estampitas y postales de las Vírgenes de toda España y en aquellos años estaba estudiando mi hermano José Luís en la Universidad Laboral de Tarragona y me hizo el encargo de que, mi hermano, le consiguiera una postal de la Patrona de Tarragona, cosa que lógicamente yo realicé.

Siento no poder ir a su entierro pero mi madre, otra santa, necesita de mis cuidados, sobre todo después de la desgraciada muerte de mi hermano Ramón que también conoció al Padre Cantueso y sabía de su devoción por el Arcángel San Rafael.

Mi agradecimiento a Rafael Cantueso, un cordobés tan “apañao” y saleroso y tan profundamente humano y que al morir como dominico, sin duda se encontrará con su madre en la eternidad.

Juan Iáñez Peña, su alumno.